Cómo pasé de ilustrar libros a querer escribirlos

Hoy vengo a pedirte disculpas. Me vas a tener que perdonar, pero hoy he venido a hacer un artículo un poco más personal y la verdad es que no creo que te vaya a servir de nada. A lo mejor te podrías sentir un poco identificado, pero esta vez no vengo a darte consejos, ni a contarte cómo poner en marcha tu web de autor, ni hablarte sobre lo que hay que tener en cuenta para que el diseño sea correcto y pulcro.

No.

Hoy vengo, sencilla y llanamente a hablar de un tema personal. Porque para algo es mi blog, ¿no? Pero te prometo que a partir de la semana que viene vengo con consejitos de diseño que te serán muy, muy útiles. Y además puede que esté planeando algo… algo nuevo y algo interesante en el área del… ¡espera! Que hoy no he venido a hablarte de eso.

Para artículos como este he creado una categoría especial (Hoy te confieso que…) para que puedas obviarlos si no te interesa conocer mis idas de cabeza. Y también te prometo que será muy cortito, de verdad. Aunque entendería a la perfección si decidieras pasarlo por alto.

Ahora, vamos al lío.

Mamá, de mayor quiero ser diseñadora

Lo confieso. Siempre he sido alguien con las ideas muy claras. Cuando me propongo algo, lo cumplo, aunque me lleve toda una vida. Y sigo un plan de vida riguroso. En mi día a día soy bastante caótica, pero necesito una meta que seguir. Desde pequeña siempre he sentido ansiedad si me he quedado estancada en algún punto y durante mucho tiempo y la última vez que pasó, me dije que sería la última. Desde ese momento me he puesto metas a corto, medio y largo plazo. No siempre me fijo un tiempo límite, pero al menos sé que pondré todo mi empeño y haré todo lo que sea necesario para llegar hasta mi meta.

Cuando tenía cinco años le dije a mi madre que quería ser diseñadora de modas. Por aquel entonces utilizaba el dibujo como una terapia para acostumbrarme a cambios muy bruscos. ¿De dónde saqué la idea de que quería ser precisamente diseñadora de modas? No tengo ni idea. Pero esa meta la conservé durante mucho tiempo. Con el paso de los años fui descubriendo el diseño gráfico y me enamoré, así que mi meta varió un poco, aunque quería seguir siendo diseñadora.

Mis inicios como escritora son difusos y divertidos a la vez. En algún momento, con seis o siete años, se me ocurrió la brillante idea de crear libritos ilustrados que luego pasaría a vender por algunos céntimos. Pero ilustrar los cuentos clásicos tradicionales no me resultaba divertido, porque no podía dibujar lo que yo quisiera, sino lo que se suponía que debía de pasar. Así que comencé a alterar los cuentos. Así de simple. Alteré todos los clásicos infantiles para poder pintar lo que me apeteciera en ese momento e incluso creé algún cuento por mí misma. Después de esta anécdota en mi vida, olvidé escribir por algunos años. Ni siquiera recuerdo cómo empecé a escribir cuentos. Pero recuerdo que en un momento me encontraba tirada en el suelo haciendo dibujos y, al siguiente, estaba sentada frente al ordenador poniendo en práctica mis recién recibidas clases de mecanografía.

Tuvo que llegarme la adolescencia para que algo en mi cabeza hiciera clic y me dijera a mí misma que, lo que yo quería era ser escritora. Quería escribir hasta que me sangraran los dedos. Pero por aquel entonces nadie me dijo lo difícil que iba a ser. ¿Y no te he dicho antes que yo sigo mis metas? Pues seguí escribiendo. Hasta hoy.

Eso de diseñar y escribir… ¿se puede combinar?

Había cumplido los dieciocho años. Ya había metido mis cuatro cosas (puede que fueran un poquito más que cuatro cosas) en cajas y las había mandado a Alemania. Y ahí estaba yo. Cogiendo la mano de mi madre mientras nos arrastrábamos la una a la otra hacia una de nuestras metas y uno de mis sueños más grandes en la vida. Me iba del país. De forma definitiva. Abandonaba España para cumplir un sueño.

Pero eso de los cambios es un lío tremendo y, por supuesto, dejé de escribir por más de un año. Cuando aprendí el idioma, quería estudiar. Y yo seguía queriendo estudiar diseño. Pero también quería escribir. ¿Se pueden ambas cosas?

Hace tiempo tomé la decisión de ir creando durante los años un muro de los recuerdos, donde voy añadiendo a la pared recortes y cositas que me recuerdan a viajes, salidas o personas. En ese muro y desde hace un año, tengo una postal que me regaló mi chico y dice así:

Todo el mundo dice “no se puede”, pero al final vino alguien que no lo sabía y lo hizo.

Según la frase de esa postal soy perfectamente capaz de escribir y trabajar de diseñadora al mismo tiempo. Y esa es mi gran meta en la vida. Estoy segura de que una y otra vez habrá piedras en el camino que me impidan avanzar, pero yo tengo mi meta.

 

Mi meta ahora, además de las que ya tengo, es también poder enseñarte todo lo que sé sobre diseño porque es algo que me cuelga del alma. Quiero que, juntos, hagamos de tu blog, tu casita virtual, un lugar en el que te sientas a gusto y quieras recibir a tus invitados. Y quiero llevarlo a cabo mientras sigo adelante con mi pasión por escribir. Por eso, da igual que en un momento dado sientas que estás perdiendo, que estás cayendo, nunca te des por vencido. Márcate tus objetivos, nadie mejor que tú sabe qué puedes conseguir. Y recuerda que la vida no te da golpes más fuertes de los que puedas soportar.

Ahora, si te he motivado a seguir leyendo más sobre diseño (porque en verdad estás aquí para aprender y no para leer mis tonterías personales), puedes leer mi artículo consejos para comenzar a escribir tu novela mientras te vas preparando para los siguientes tutoriales para tu página web o blog de autor.

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